Vania García Marinkovic

Hizo historia al convertirse en la primera mujer en asumir la presidencia de la Asociación de Usuarios de la Zona Franca de Punta Arenas, en más de cuatro décadas.

Sin embargo, su mayor logro no reside únicamente en ese hito, sino en la visión con la que entiende el liderazgo: como una oportunidad para construir alianzas, fortalecer el desarrollo regional y abrir nuevas oportunidades para las generaciones que vienen.

Empresaria | Presidenta de la Asociación de usuarios de Zona Franca de Punta Arenas | Chile

Las barreras existen para ser superadas, pero el verdadero liderazgo consiste en dejar la puerta abierta para quienes vienen detrás.

Empresaria, dirigente gremial y convencida del poder de la colaboración, representa a una nueva generación de líderes que creen que el crecimiento económico también debe ir acompañado de innovación, sostenibilidad y compromiso con la comunidad.

En esta conversación descubrimos a la mujer que hay detrás del cargo, sus desafíos, sus aprendizajes y la convicción de que el verdadero liderazgo consiste en crear oportunidades para que otras personas también puedan avanzar.

¿Qué significa para ti liderar desde una de las regiones más australes del mundo?

Liderar desde Magallanes significa, en primer lugar, tener un profundo sentido de pertenencia y responsabilidad con el lugar que representas. Vivir en una región tan austral te hace muy consciente de nuestras particularidades, de las oportunidades que tenemos y también de los desafíos que implica estar geográficamente tan lejos del centro del país.

Pero la distancia también te obliga a mirar más allá. Creo que quienes vivimos en Magallanes aprendemos desde temprano que no podemos quedarnos aislados; necesitamos relacionarnos, buscar oportunidades y mostrar lo que somos capaces de hacer. En mi caso, esa mirada ha estado muy presente tanto en mi vida empresarial como en mi labor gremial.

Para mí, liderar desde aquí significa representar a una región que tiene mucho que aportar y, al mismo tiempo, contribuir a que nuestras particularidades sean entendidas como parte de nuestras fortalezas y no solamente como desafíos.

Has desarrollado tu trayectoria desde el emprendimiento. ¿Qué enseñanzas te ha dado el comercio sobre las personas y sobre la vida?

El comercio me ha enseñado, sobre todo, a observar y a escuchar. 

Cuando trabajas directamente con personas, aprendes que detrás de cada cliente hay una historia, una necesidad y una forma distinta de relacionarse. Eso te obliga a ser flexible, a entender que no todo se puede resolver de la misma manera y que muchas veces la confianza es más importante que una venta.

También me ha enseñado que las cosas cambian permanentemente. Lo que funciona hoy puede no funcionar mañana, y eso exige estar atento, aprender y adaptarse. En el comercio no siempre puedes esperar que las condiciones sean ideales; tienes que tomar decisiones con la información que tienes y estar dispuesto a corregir el rumbo cuando sea necesario.

Pero quizás la enseñanza más importante ha sido entender el valor de las relaciones. Un negocio se construye con clientes, trabajadores, proveedores, socios y muchas otras personas que forman parte del camino. Con el tiempo uno comprende que los vínculos de confianza que se construyen son tan importantes como los resultados.

Y la vida, en ese sentido, no es tan distinta. Me ha enseñado que no siempre podemos controlar las circunstancias, pero sí podemos decidir cómo enfrentarlas, cómo tratamos a las personas y qué hacemos con las oportunidades que aparecen en el camino.

En muchas ocasiones se habla de romper el techo de cristal. ¿Cuál fue el mayor obstáculo que tú tuviste que superar?

La verdad es que no puedo decir que haya sentido que tenía que demostrar el doble por ser mujer. Probablemente mi formación y el entorno en el que crecí influyeron mucho en eso. Desde muy joven aprendí a relacionarme con hombres y mujeres en igualdad de condiciones, y nunca sentí que hubiera espacios en los que yo no pudiera estar.

Si tuviera que identificar un obstáculo, diría que ha sido aprender a convivir con una mayor exposición. Cuando una mujer asume posiciones de liderazgo, toma decisiones o se atreve a ocupar espacios que tradicionalmente han estado más asociados a los hombres, muchas veces hay más ojos mirando. Eso puede generar presión, incluso cuando nadie te está diciendo directamente que no puedes hacerlo.

Con el tiempo aprendí que no podía liderar pensando permanentemente en cómo iba a ser evaluada. Tenía que confiar en mi preparación, escuchar las distintas opiniones, equivocarme cuando correspondiera y seguir adelante. Para mí, aprender a manejar esa mirada externa ha sido mucho más importante que intentar demostrarle algo a alguien.

Y creo que ahí también hay una parte importante del liderazgo femenino: no necesariamente tenemos que demostrar que somos capaces de hacer lo mismo que los hombres. Tenemos que sentirnos con la misma libertad para asumir responsabilidades, tomar decisiones y construir nuestra propia manera de liderar.

Innovación, digitalización y sostenibilidad. ¿Cómo pueden estos tres conceptos transformar el desarrollo de Magallanes?

Creo que los tres conceptos están muy relacionados y pueden ser herramientas fundamentales para enfrentar los desafíos de una región como la nuestra. La innovación no siempre significa crear algo completamente nuevo; muchas veces significa mirar un problema que conocemos bien y preguntarnos si existe una manera distinta o mejor de resolverlo.

La digitalización, por su parte, puede ayudarnos a reducir algunas de las barreras que históricamente hemos tenido por nuestra ubicación. Hoy una empresa, un emprendimiento o una persona puede acceder a conocimientos, mercados y herramientas que antes estaban mucho más lejos. Eso permite que el talento que existe aquí tenga muchas más posibilidades de desarrollarse y proyectarse.

Y la sostenibilidad tiene que acompañar ese proceso. Magallanes posee un patrimonio natural extraordinario y cualquier visión de desarrollo debe considerar cómo crecer sin comprometer aquello que hace única a nuestra región. No podemos pensar solamente en cuánto podemos crecer, sino también en cómo queremos hacerlo.

Creo que nuestra oportunidad está precisamente en combinar estos tres elementos y aplicarlos a nuestra propia realidad. No se trata de copiar modelos de otros lugares, sino de encontrar soluciones que respondan a las características y necesidades de Magallanes. Si somos capaces de hacerlo, podemos transformar algunas de nuestras particularidades en ventajas y generar un desarrollo más innovador, sostenible y conectado con el futuro.

Si una joven emprendedora te dijera que tiene miedo de comenzar, ¿qué le responderías?

Le diría que tener miedo es completamente normal. Emprender implica incertidumbre y, si esperamos sentirnos cien por ciento seguras antes de comenzar, probablemente nunca vamos a encontrar el momento perfecto.

Le diría que empiece, aunque sea pequeño, y que se permita aprender en el camino. No es necesario tener todas las respuestas ni saber exactamente cómo va a terminar una historia para dar el primer paso. Muchas veces la claridad aparece después de comenzar, cuando uno empieza a conocer realmente el camino que está recorriendo.

También le diría que no tenga miedo de equivocarse. Los errores pueden ser incómodos, pero muchas veces son los que más enseñan. Lo importante es tener la capacidad de observar, corregir y volver a intentarlo.

Y, sobre todo, que busque personas que crean en ella. Emprender puede ser solitario en algunos momentos, y contar con alguien que te diga «tú puedes» cuando aparecen las dudas puede marcar una diferencia enorme.

No le prometería que será fácil. Le diría algo más real: que vale la pena intentarlo. Porque incluso cuando el camino cambia respecto de lo que uno había imaginado, siempre queda el aprendizaje y la experiencia de haberse atrevido.

Si pudieras impulsar un solo proyecto para mejorar la vida de las mujeres de tu comunidad, ¿cuál sería y por qué?

Si pudiera impulsar un solo proyecto, crearía una red de apoyo y desarrollo para mujeres emprendedoras de Magallanes, especialmente para aquellas que tienen una buena idea o un pequeño negocio, pero que muchas veces enfrentan solas las dificultades para hacerlo crecer.

Me gustaría que fuera mucho más que un espacio de capacitación. Imagino una red que pueda conectar a las mujeres con orientación, mentorías, contactos, herramientas digitales, acceso a información, oportunidades de financiamiento y, sobre todo, con otras mujeres con quienes compartir experiencias y generar colaboraciones.

Creo que muchas mujeres tienen talento, iniciativa y capacidad, pero no siempre cuentan con las redes necesarias para avanzar. A veces una conversación con la persona adecuada, una recomendación, un contacto o simplemente alguien que te diga «yo pasé por esto y puedo ayudarte» puede cambiar completamente el rumbo de un proyecto.

Además, creo que una iniciativa así tiene mucho potencial para crecer. Podría comenzar en Magallanes y, con el tiempo, incorporar nuevas alianzas, conectar emprendimientos entre sí y generar oportunidades que trasciendan nuestra región. Me interesa especialmente esa posibilidad de que una iniciativa local pueda convertirse en una red más amplia de colaboración.

Lo impulsaría porque creo profundamente en el efecto multiplicador de las oportunidades. Cuando una mujer logra desarrollar su proyecto, no solo mejora su propia vida; muchas veces genera empleo, fortalece a su familia y se convierte en una referencia para otras mujeres que también están pensando en comenzar.

Y si hablamos de liderazgo, creo que ahí está una de nuestras mayores responsabilidades:

No quedarnos solo con las oportunidades que nosotros mismos hemos encontrado, sino tratar de hacer que esas oportunidades estén disponibles para quienes vienen detrás.

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Isabel Mariella Figueroa de Rolo

Antes de responder, quiero expresar mi gratitud a Mujeres ODS por este reconocimiento que recibiré en noviembre, en Granada, España. Me emociona profundamente formar parte del primer número de esta revista y haber sido elegida como personaje de portada.

Después de haber dirigido más de 250 ediciones de Factor de Éxito, esta será la primera vez que estaré del otro lado: ya no decidiendo una portada, sino siendo parte de una. Lo recibo con mucha humildad, alegría y responsabilidad, porque sé el valor que tiene ocupar ese espacio y lo que significa que una historia pueda llegar a otras personas en el momento preciso.