La Poesía Como Forma de Habitar el Mundo

Poeta, narrador y editor, su trayectoria ha convertido la palabra en un puente entre culturas, lenguas y personas, pero también en una herramienta de compromiso con la paz y los derechos humanos.

Pedro Enríquez

Pedro Enríquez

Columnista | Poeta, Narrador y Editor Español

Granada forma parte del universo creativo de Pedro Enríquez

Sus obras han traspasado fronteras. Académico de la Academia de Buenas Letras de Granada y académico supernumerario de la Academia de Buenas Letras de Madrid, cuenta con veintiún títulos publicados y poemas traducidos a numerosos idiomas.

Su poesía ha viajado a través de ediciones bilingües y traducciones al japonés, húngaro, griego y árabe. Entre sus obras encontramos Libélulas y Granados, Poesía para desafinados, En el hueco de su mano, La exacta quietud del ahora, Sueño y Misterio y, en 2026, La certeza y la brújula.

Pero su trayectoria va más allá de los libros. Enríquez entiende la cultura como una forma de acción y encuentro.

Ha dirigido numerosos actos culturales y mantiene una activa vinculación con organizaciones culturales, entre ellas la Asociación de Andalucía para la UNESCO y Granada13artes. Su obra y compromiso han recibido numerosos reconocimientos nacionales e internacionales.

Una de las iniciativas que mejor refleja su dimensión humana es Libre de Cadenas, el taller de poesía que imparte a personas reclusas del Centro Penitenciario de Albolote. Una labor que, junto a su defensa de la paz y los derechos humanos, también ha sido reconocida con diferentes distinciones.

En Pedro Enríquez, la poesía trasciende la página para convertirse en encuentro, cultura, libertad y transformación. La fuerza de un poeta no se mide únicamente por los libros que publica, sino por los lugares a los que consigue llevar la palabra y a las personas a las que logra alcanzar con ella.

Este poema, que dedico a la cantautora Rocío Madreselva

Conciencia del agua

Nace como una celebración del origen y de la transformación interior. El agua y la luz se convierten en símbolos de conciencia: una fuerza que asciende, respira y se expande. La repetición de estos elementos crea un ritmo casi ritual, un mantra que acompasa la lectura y la convierte en experiencia sensorial.

Siento que el poema avanza como un viaje espiritual: desde la nieve que se eleva hasta el manantial que canta, todo es movimiento, nacimiento, renovación. La presencia del dragón, del albatros, del arco iris, introduce una dimensión mítica que amplifica la idea de transformación continua.

Al final, la unión “somos uno” es el corazón del poema: una afirmación de comunión, de vínculo.

Agua, luz, semilla: son la vida que se multiplica cuando se encuentran y respiran juntas.

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *