Helena Olcina
Demuestra que el liderazgo no consiste únicamente en dirigir un proyecto, sino en ser capaz de unir personas, generar confianza y construir espacios donde otros puedan crecer.
Consultora empresarial y mentora en marca personal, cuenta con más de veinte años de experiencia. Es fundadora y presidenta de Sinergias Club Internacional, una comunidad empresarial nacida en Marbella que hoy reúne a más de 200 empresarios de diferentes sectores y nacionalidades, con un fuerte enfoque en las alianzas, el crecimiento compartido y la solidaridad.
Desde Sinergias Club Internacional ha convertido la colaboración en una filosofía de trabajo, demostrando que el éxito compartido siempre llega más lejos que el éxito individual.


Empresaria | Presidenta, Fundadora Sinergias Club Internacional
“Las comunidades no nacen de las ideas. Nacen de las personas que deciden creer unas en otras.”
Antes de hablar de la empresaria, ¿quién es Helena cuando se apagan los focos y termina la jornada?
Ante todo, soy madre, es el papel más importante de mi vida y también el que ocupa la mayor parte del poco tiempo libre que me deja liderar Sinergias. Mi hijo es mi gran sueño hecho realidad, y también mi gran maestro. Con él aprendo constantemente y compartir mi tiempo con él es, sin duda, lo que más disfruto.
Y cuando no estoy ejerciendo de madre, aparece una Helena mucho más sencilla de lo que probablemente se ve desde fuera: siempre cara lavada, pelo alborotado y descalza. Me encanta pasear descalza con mi perro Bumer, y refugiarme, también con él en mi patio, que está lleno de flores. Allí leo, escribo, pienso y descanso. Es mi pequeño santuario y mi manera de parar, ordenar la mente y recargar el alma.
Soy tremendamente casera, y disfruto mucho abriendo las puertas de mi casa. Mis amigos saben que quizás no soy la mejor anfitriona del mundo porque aquí todo el mundo acaba sirviéndose solo, y así he conseguido que todos sientan que mi casa también es la suya.
Mi familia y muchos de mis amigos de siempre están en Madrid, y vivir lejos de ellos no siempre ha sido fácil, pero Marbella me ha regalado algo maravilloso: construir una familia elegida.
Al final, tanto en mi casa como en el club, lo que más feliz me hace es exactamente lo mismo, crear espacios donde las personas puedan llegar, sentirse queridas y saber que están en casa.
¿En qué momento entendiste que las sinergias podían cambiar vidas?
Lo entendí en el momento en que lo vi suceder; Cuando empecé a emprender en Madrid lo hice desde un vivero de empresas, rodeada de otros emprendedores que, como yo, estaban intentando sacar adelante sus proyectos y allí descubrí que caminar unidos hace que el viaje se disfrute más y te lleve, sin lugar a dudas a los objetivos marcados.
Fue entonces cuando creé mi primera empresa de networking, LNW Networking, con un lema que ya decía mucho de lo que empezaba a creer: «Las sinergias que cambian vidas». Compartíamos conocimientos, contactos, experiencias, miedos, oportunidades… y aquella unión terminó cambiándonos la vida a muchos, y durante casi veinte años no he dejado de comprobarlo.
He visto empresarios que estaban a punto de tirar la toalla mantenerse en pie porque otro empresario apareció en el momento adecuado, nacer empresas entre personas que se conocieron en uno de nuestros eventos, he visto emprendedores crecer, formarse, ganar confianza y encontrar oportunidades gracias a los contactos y al conocimiento compartido.
Y muchos años después ocurrió algo que terminó de cerrar el círculo, me tocó vivirlo en primera persona; llegó un momento de mi vida en el que fui yo quien necesitó ayuda para sostenerse, y de esa necesidad nació Sinergias.
Por eso, cuando digo que las sinergias pueden cambiar vidas, no estoy hablando de una teoría ni de una estrategia de networking. Lo he visto durante veinte años y, cuando más lo necesité, también lo experimenté en mi propia vida.
Es por eso que hoy, tengo todavía más claro que muchas veces no necesitamos tener todas las respuestas, sino contar con las personas adecuadas con las que buscarlas.
Tengo claro que una dificultad solo viene a obligarte a transformar una parte de tu vida que tú sola nunca te habrías atrevido a cambiar. Cada una de mis tormentas me han hecho más fuerte, pero, curiosamente, también más sensible; me han dado una capacidad mucho mayor para comprender el dolor, el miedo y las inseguridades de los demás. He aprendido a entender que muchas veces las personas que nos hacen daño no actúan desde la maldad, sino desde sus propios miedos o heridas, y comprenderlo te da una enorme libertad, porque dejas de tomarte las cosas como algo personal.
Hoy intento utilizar todo ese aprendizaje para ayudar a otras personas, todos debemos compartir lo aprendido para facilitar el camino a los demás.
Algunos de los momentos que más dolor me produjeron terminaron convirtiéndose en los mayores puntos de inflexión de mi vida.
¿Qué aprendiste de ese proceso sobre el poder de convertir una dificultad en una oportunidad?
Lo primero que aprendí es que todos, sin excepción, tenemos dentro la capacidad de superar circunstancias que, mientras las estamos viviendo, creemos que nos sobrepasan. Todos hemos vividos momentos en los que no encontramos la salida, o peor aún, en los que no tenemos fuerzas o ganas de seguir buscándola.
El haber tenido una infancia complicada me obligó a desarrollar desde muy pequeña una gran capacidad de resiliencia, y los fracasos que llegaron después terminaron enseñándome algo que hoy forma parte de mi manera de afrontar la vida: cuando aparece el miedo, yo me pongo en acción. El miedo a perder lo que tengo, a equivocarme ante un nuevo proyecto, a no poder solucionar una situación o, quizás el más difícil de gestionar, la impotencia cuando la solución no depende de ti. Siempre aparece en el estómago y en cuanto lo siento, aparece también como un resorte, porque el miedo me activa.
Tengo clarísimo que en la acción está la solución, quizás la primera decisión no sea la correcta, pero te llevará a la segunda … y créeme que siempre aparece una persona, una oportunidad… que te llevan a las personas y momentos perfectos y poco a poco empiezas a encontrar un camino donde antes solo veías una pared.
Creo profundamente que podemos transformar el dolor en acción, la acción en soluciones y las soluciones en nuevas oportunidades.
Mis mayores fracasos, con el tiempo, se han convertido en algunos de mis mayores éxitos. Hay una cita de Haruki Murakami que lo refleja perfectamente:
“Y una vez que la tormenta termine, no recordarás cómo lo lograste, cómo sobreviviste. Ni siquiera estarás seguro si la tormenta ha terminado realmente. Pero una cosa sí es segura, cuando salgas de esa tormenta no serás la misma persona que entró en ella. De eso se trata esta tormenta”

¿Qué significa para ti liderar desde la autenticidad?
Liderar desde la autenticidad significa, para mi, ante todo, atreverte a vivir tu propia vida y no la vida que los demás esperan de ti. Y creo que quienes tenemos cierta trayectoria o autoridad, tenemos una gran responsabilidad con las nuevas generaciones; me preocupa ver cómo asocian el éxito al dinero, la belleza, la popularidad o los likes.
Cro que el verdadero éxito se basa en saber quién eres realmente, reconocer tus dones y tener el valor de ponerlos al servicio de aquello que quieres construir; vivir en coherencia entre lo que piensas, dices y haces. En mis mentorías de marca personal, una de las primeras cosas que trabajo es precisamente esa diferenciación entre las cualidades innatas de las trabajadas, porque en las primeras se encuentran nuestros dones. Uno de los míos, por ejemplo, es conectar personas; lo hago de manera natural, no tengo que pensarlo ni esforzarme para hacerlo, y al ponerlo al servicio de los demás, como hago en Sinergias, es cuando llega el éxito de manera natural.
Por eso mismo nunca he creído en la competencia, si compito con alguien es conmigo misma, con la Helena de ayer y con lo que todavía puedo llegar a ser. Tenemos una sola vida, y es demasiado valiosa como para vivirla copiando la de los demás.
Por eso liderar desde la autenticidad significa respetar nuestra diferenciación, nuestra esencia.
Ser auténtico es una elección, pero no serlo, es una equivocación.
Muchas mujeres sienten miedo antes de emprender, ¿cuál fue tu mayor miedo? ¿y cómo lograste superarlo?
Cuando decidí emprender, mi mayor miedo fue perder la vida que había conseguido construir; tenía un puesto con un buen sueldo, acababa de comprarme un piso precioso en Madrid con una hipoteca muy alta y disfrutaba de una calidad de vida que me permitía viajar, tener mis hobbies y vivir con bastante tranquilidad; y emprender significaba renunciar a esa seguridad e invertir prácticamente todos mis ahorros en algo que nadie podía garantizarme que fuera a funcionar.
Pero cuando emprendes, descubres que empiezan a aparecer otras recompensas que no figuran en ninguna cuenta de resultados, como la adrenalina que te entra al crear algo propio, comprobar que una idea funciona, conocer personas extraordinarias, generar empleo, ayudar a otros o, descubrir que aquello que haces tiene un impacto en la sociedad. empieza a tener un valor que muchas veces supera al económico, y con ello, apareció otro miedo todavía mayor: perder aquello que ya había conseguido construir con tantísimo esfuerzo y sacrificio.
A día de hoy no me da miedo ninguna de esas situaciones, porque ya he perdido, he fracasado y he tenido que volver a empezar de cero. Y cada vez que me he levantado, he terminado encontrando un nuevo proyecto, una nueva oportunidad o una versión de mi vida que ha resultado mucho más enriquecedora que la anterior, tanto personal como profesionalmente y, en muchas ocasiones, también económicamente, por eso hoy mi relación con el miedo es completamente diferente.
Si bien es cierto que ahora soy madre y mi responsabilidad es mucho mayor, soy más cautelosa en mis decisiones, pero eso no significa tener miedo. No pondría en juego la estabilidad de mi hijo, pero tampoco estoy dispuesta a renunciar a mis sueños; he aprendido que caer no significa volver al punto de partida, porque cuando te levantas, lo haces con toda la experiencia, los contactos, los conocimientos y la fortaleza que has adquirido durante el camino. Nunca vuelves a empezar desde cero; vuelves a empezar desde la experiencia.
¿Cuál ha sido el momento más difícil de tu trayectoria y qué enseñanza dejó en ti?
Sin duda, uno de los momentos más difíciles de mi vida llegó durante mi embarazo, cuando me separé y perdí prácticamente al mismo tiempo mi estabilidad sentimental, emocional, profesional y económica. Tuve que decidir entre regresar a Madrid, donde estaban mi familia y mi entorno, o quedarme en Marbella y volver a emprender prácticamente desde cero, sin contactos y con la enorme responsabilidad de llevar una vida dentro de mí.
Entonces hice algo que recomiendo constantemente en mis mentorías: cuando no sepas hacia dónde ir, vuelve a tus orígenes y trabaja en aquello que sabes hacer bien.
Retomé mi agencia de marketing y mis mentorías de marca personal. Mientras ayudaba a otras personas a descubrir sus fortalezas y recuperar su confianza, también reconstruía la mía. En paralelo, contraté a una au pair inglesa y aquella experiencia me ayudó tanto que decidí crear Marbella Family para ayudar a otras mujeres en situaciones similares. Después surgió otra necesidad: dar a conocer mis empresas y generar negocio en una ciudad donde no tenía contactos. Necesitaba relaciones de calidad y espacios donde los empresarios pudieran ayudarse de verdad. De ahí nació Sinergias.
Con el tiempo entendí que estaba aplicando una misma fórmula: identificar aquello que había mejorado mi propia vida y ponerlo al servicio de los demás. Esa ha sido una de las mayores enseñanzas de mi trayectoria empresarial: muchas grandes oportunidades de negocio no empiezan preguntándonos qué podemos vender, sino qué problema podemos resolver.
“El objetivo no es emprender sin miedo, es conseguir que el miedo nunca tenga más poder que tus sueños”.

“Mi camino también lo hemos recorrido juntos.”
Aquel momento que viví como una pérdida absoluta de estabilidad terminó convirtiéndose en uno de los periodos más creativos y transformadores de mi vida. Cuando puse mis propias soluciones al servicio de los demás, mis dificultades dejaron de ser únicamente problemas y comenzaron a convertirse en propósito.
Ser madre, empresaria y líder comunitaria implica asumir muchos roles. ¿cómo consigues mantener el equilibrio sin perder tu esencia?
Porque soy la misma persona en cada uno de esos roles. No existe una Helena madre, otra empresaria, otra mentora y otra presidenta de Sinergias. Todas están profundamente conectadas.
Mi hijo me ha acompañado muchas veces a entrevistas, televisión y eventos; mis mentorías están llenas de aprendizajes que proceden de mi propia experiencia y, en Sinergias, doy muchísimos abrazos porque sé lo que significa necesitar uno cuando estás empezando, cuando llegas solo a un lugar o atraviesas un momento complicado. Muchas de las cosas que hago profesionalmente nacen de experiencias que primero he vivido personalmente.
Con los años he entendido que el verdadero equilibrio no consiste en repartir perfectamente las horas entre todos los ámbitos de nuestra vida. Hay momentos en los que Sinergias necesita mucho de mí, otros en los que mi hijo requiere toda mi atención y otros en los que soy yo quien necesita parar y recuperar energía.
Para mí, el equilibrio está en conseguir que exista coherencia entre lo que pienso, lo que digo y lo que hago. No significa llegar a todo ni tener una vida perfectamente equilibrada. Hay días caóticos y días en los que tengo que reorganizarlo todo. Lo importante es no perderme a mí misma.
Cuando eres fiel a tu esencia, ya no necesitas cambiar de personaje dependiendo del lugar en el que estés. Y eso da una libertad enorme.
Si pudieras hablar con la Helena de hace veinte años, ¿qué consejo le darías?, ¿cuál crees que es el mayor reto que tienen hoy las mujeres empresarias?
Le diría que relativizara los problemas y, sobre todo, que no haga suyas las reacciones de los demás, nada es personal.
No permitas que una crítica determine lo que piensas de ti, pero tampoco te creas demasiado un halago. Ni unas ni otros deberían definirte, porque muchas veces hablan más de quien los pronuncia que de quien los recibe; tu verdadero barómetro tiene que estar dentro de ti y en esas pocas personas que realmente te conocen: tu familia, tus amigos de verdad, quienes han estado cuando no había éxitos que celebrar ni nada que obtener a cambio.
Que no midiera nunca su éxito con los parámetros que marca la sociedad y, mucho menos, con los que hoy nos muestran las redes sociales; hoy para mi, el éxito es contar con tiempo y con la libertad de decidir a qué quieres dedicarlo, con quién quieres compartirlo y qué quieres hacer con él.
Y sobre todo, no compitas con nadie, únicamente contigo misma. Intenta que la Helena de mañana sea un poquito mejor que la de hoy, todo empieza por uno mismo.
Creo que ese es precisamente uno de los grandes retos que tenemos hoy las mujeres, infinidad de modelos sobre cómo deberíamos ser: grandes profesionales, madres perfectas, mujeres impecables, exitosas, independientes, fuertes… y podemos acabar viviendo pendientes de cumplir expectativas que quizás ni siquiera son nuestras.
Cada mujer debe escribir su propia historia, el libro de su vida y tenemos una sola oportunidad para hacerlo; es un regalo demasiado extraordinario como para escribirlo siguiendo el guion de otra persona.
Si una joven leyera hoy esta entrevista y solo pudiera recordar una frase tuya dentro de diez años… ¿qué te gustaría que recordara?
Ayuda a todas las mujeres que puedas por el camino.
Sonríe a la que llega sola. Acércate a la que parece insegura. Recuérdale a otra mujer su valor cuando ella lo haya olvidado. Comparte contactos, oportunidades y conocimientos. Y cuando puedas abrir una puerta, ábrela también para alguien más. Porque crecer es maravilloso, pero ayudar a crecer a otras personas hace que el camino tenga muchísimo más sentido.


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