Es el momento de convertir las promesas en acción
El cambio es posible, el gran desafío ahora es acelerar, sumar esfuerzos y conseguir que los avances lleguen realmente a todas las personas.
Cuando en 2015 los Estados miembros de Naciones Unidas aprobaron la Agenda 2030, el mundo asumió un compromiso extraordinariamente ambicioso: construir una sociedad más justa, reducir las desigualdades, proteger el planeta y garantizar oportunidades para todas las personas.

Heidi Zahn
Presidenta Mods
Once años después, la pregunta resulta inevitable:
¿Cuánto hemos avanzado realmente?
El Informe sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2026 ofrece una respuesta con luces y sombras. Los ODS han producido resultados reales y han contribuido a mejorar la vida de miles de millones de personas, pero el ritmo actual continúa siendo insuficiente para alcanzar buena parte de las metas previstas para 2030.
Los datos demuestran que avanzar es posible. Desde 2015, cerca de 1.000 millones de personas han conseguido acceso a agua potable gestionada de forma segura y alrededor de 1.200 millones han accedido a servicios adecuados de saneamiento. La electricidad alcanza ya al 92 % de la población mundial y el acceso a internet ha pasado aproximadamente del 40 % al 74 %.
Son cifras que representan mucho más que estadísticas.
Detrás de cada porcentaje hay una persona.
Los ODS funcionan cuando se convierten en políticas, inversión, cooperación y acción.
Pero la otra cara de la realidad exige nuestra atención.
De las 139 metas, Naciones Unidas dispone de datos suficientes, únicamente un 15 % está actualmente en camino de cumplirse y otro 21 % muestra un progreso moderado. Casi la mitad avanza demasiado lentamente o permanece estancada, mientras que un 15 % se encuentra incluso por debajo de los niveles registrados en 2015.
Al mismo tiempo, una de cada diez personas continúa viviendo en pobreza extrema, alrededor de 2.300 millones sufren inseguridad alimentaria y unos 273 millones de niños, niñas y jóvenes permanecen fuera de la escuela.
Los conflictos, la emergencia climática, el endeudamiento, las dificultades económicas y la reducción de la cooperación internacional están haciendo todavía más complejo el camino.
Y cuando una crisis golpea, no lo hace de la misma manera a todas las personas.
Quienes parten de situaciones de mayor vulnerabilidad suelen sufrir primero y durante más tiempo sus consecuencias.
Por eso hablar de sostenibilidad significa también hablar de igualdad.
“Necesitamos gobiernos comprometidos, cooperación internacional, empresas responsables y políticas públicas valientes, pero también necesitamos ciudadanía..”

No dejar a nadie atrás
Esta frase acompaña a la Agenda 2030 desde su nacimiento, pero quizá hoy tenga más sentido que nunca. No dejar a nadie atrás no debería ser únicamente un lema, sino una forma de entender el progreso y, sobre todo, de preguntarnos quién todavía no está sentado en la mesa donde se toman las decisiones, quién continúa sin oportunidades, qué mujeres siguen encontrando barreras, qué niños y niñas no pueden estudiar, qué territorios carecen de recursos y qué personas permanecen invisibles detrás de las grandes cifras.
En este camino, la igualdad de género no puede entenderse como una cuestión aislada dentro del ODS 5. Es una pieza imprescindible para avanzar en el conjunto de la Agenda 2030, porque cuando una mujer accede a la educación, a un empleo digno, al liderazgo, a la seguridad y a la capacidad de decidir sobre su propia vida, el impacto va mucho más allá de ella. Alcanza a familias, comunidades y generaciones enteras.
Y quizá ahí esté una de las claves para comprender realmente los Objetivos de Desarrollo Sostenible: conseguir que dejen de parecernos algo lejano, reservado a Naciones Unidas, a los gobiernos o a las grandes instituciones. Los ODS también forman parte de nuestra vida cotidiana. Viven en nuestras ciudades, nuestros barrios, nuestras empresas, nuestras asociaciones y en muchas de las decisiones que tomamos cada día.
Están presentes cuando una empresa apuesta por la igualdad y crea oportunidades reales; cuando una asociación acompaña a quienes atraviesan situaciones de vulnerabilidad; cuando una escuela educa desde la diversidad y el respeto; cuando una ciudad protege sus espacios naturales; cuando una organización abre nuevas posibilidades para los jóvenes o cuando elegimos consumir de una manera más responsable.
También están presentes cuando una mujer abre camino y facilita que otras puedan avanzar, cuando una persona decide comprometerse con su comunidad o cuando organizaciones diferentes descubren que colaborar puede llevarlas mucho más lejos que caminar por separado.
Porque la Agenda 2030 no se construye únicamente en las grandes cumbres internacionales. Se construye también en esos pequeños lugares donde alguien decide actuar.
Y es precisamente ahí, cuando los objetivos dejan de ser números y se convierten en personas, decisiones y oportunidades reales, cuando comienza la verdadera transformación.
Quedan cuatro años para 2030, podemos contemplar esa fecha como un horizonte que se acerca demasiado rápido o entenderla como una llamada urgente a recuperar aquello que dio sentido a los Objetivos de Desarrollo Sostenible desde el principio: nuestra capacidad de actuar juntos.
Quizá ya no sea suficiente preguntarnos si conseguiremos cumplir los ODS. La pregunta debería ser mucho más directa:
¿qué estamos dispuestos a hacer para que se cumplan?
Transformar el mundo no siempre comienza con una gran decisión. A veces empieza con una empresa que cambia una política, una institución que decide escuchar, una asociación que crea una alianza, una persona que se implica o una comunidad que encuentra una solución y decide compartirla. La suma de esas decisiones es la que puede convertir los compromisos en cambios reales.
Necesitamos gobiernos comprometidos, cooperación internacional, empresas responsables y políticas públicas valientes, pero también necesitamos ciudadanía. Personas capaces de comprender que los grandes desafíos globales también tienen una dimensión cercana y que todos podemos formar parte de la respuesta.
2030 no debería ser solamente una fecha marcada en el calendario. Debería recordarnos el mundo que dijimos que queríamos construir: más justo, sostenible, igualitario y con oportunidades para todas las personas.
Todavía estamos a tiempo, pero avanzar significa pasar de las palabras a los hechos y de los compromisos a acciones capaces de transformar vidas.
Detrás de los 17 Objetivos existe una misma aspiración: que el progreso sea una oportunidad compartida y que nadie tenga que quedarse atrás para que los demás podamos avanzar.
Fuente: Informe sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2026, Naciones Unidas.
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